Aprendiendo de Marciano

Una reflexión cada domingo.

Sobre mí

004 · Lo más importante de las cosas menos importantes

Campo de fútbol iluminado en medio de un espacio oscuro

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Una reflexión sobre el fútbol, el trabajo y la distancia entre el resultado y el camino.

No he sido nunca un futbolero ferviente. Tampoco he sido deportista.

Durante mucho tiempo no vi en el deporte mucho más que una forma de entretenimiento. Pasados los años, sin embargo, he ido descubriendo en él una imagen concentrada de la vida.

Este domingo juegan España y Argentina.

Por un lado, una sensación de orden, paciencia y disciplina. Por otro, una energía más emocional, más intensa, más difícil de medir. Dos formas distintas de acercarse al triunfo, aunque casi nada grande se sostiene con una sola virtud.

Hay algo curioso en las cosas que nos importan.

Una obra, una entrega, una propuesta, una licitación, un proyecto. Durante unos días pueden ocuparlo todo. Nos levantamos con eso en la cabeza y nos acostamos dándole una última vuelta. Revisamos, corregimos, anticipamos. Imaginamos incluso conversaciones que quizá nunca ocurran.

Para nosotros puede ser lo único.

Para los demás no existe.

Esa distancia no resta importancia a lo que hacemos. Le da su medida. Nos permite cuidar aquello que tenemos entre manos y convertirlo, durante un tiempo, en el centro de nuestra atención.

En la arquitectura, en la ingeniería, en la empresa o en cualquier proyecto que nos importe de verdad, lo nuestro tiende a parecernos decisivo. Y, durante un rato, lo es. Para un cliente, para un equipo, para alguien que depende de ese trabajo. También para nosotros.

El deporte nos muestra, con una claridad casi incómoda, que hacer las cosas bien no garantiza que el resultado acompañe. Puedes prepararte, esforzarte y perder. También puedes equivocarte en el peor momento y, aun así, ganar. Porque el resultado importa, pero no siempre explica el camino.

Con los proyectos sucede algo parecido.

El fracaso no invalida necesariamente lo bien hecho. El éxito tampoco confirma que todo se haya hecho bien. A veces la derrota nos hace dudar de un buen proceso; otras, la victoria nos convence de que comprendimos algo que quizá solo salió bien.

Por eso importa cómo se pierde, pero también cómo se gana. Perder sin sentir que todo fue inútil. Ganar sin creernos invencibles. Tal vez ambas cosas exijan la misma madurez: mirar el resultado sin confundirlo con todo lo que somos.

Este domingo, antes de conocer el resultado, lo más interesante es precisamente eso: todavía no sabemos nada.

Gane quien gane, habrá que volver.

Volver al lunes. Al trabajo. A los proyectos. A las entregas. A las conversaciones pendientes. A todo aquello que, sin serlo todo, también importa.

Tal vez por eso el deporte se parece tanto a la vida. No porque pueda explicarla, sino porque durante un rato la concentra. Reduce el mundo a un espacio, un tiempo y unas reglas. Y, cuando termina, nos devuelve a él con la medida de las cosas ligeramente alterada.

Lo más importante de las cosas menos importantes.

Nota: la frase se atribuye unas veces a Arrigo Sacchi y otras a Jorge Valdano.

Raúl Carmona Muñoz