Aprendiendo de Marciano

Una reflexión cada domingo.

Sobre mí

014 · Yo vivo del menú del día

Interior de un restaurante con luz cálida y tres platos de comida sencilla sobre una barra de madera, junto a la cocina.

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Muchos pocos en lugar de pocos muchos.

A veces, hablando con compañeros, aparecen oportunidades de grandes proyectos. La conversación suele ir hacia cómo conseguirlos, cómo acceder a esos encargos o cómo dar ese salto.

Yo suelo salir con una respuesta bastante menos entusiasta:

– No, no. Si yo vivo del menú del día.

Lo he dicho muchas veces. Y no me refiero a que nos conformemos con proyectos pequeños mientras esperamos que llegue uno grande. En realidad, casi prefiero que no llegue.

Nuestro menú del día es el cálculo de la estructura de una vivienda, las instalaciones de un edificio de ocho viviendas y otros encargos similares. Y hay algo fundamental: la recurrencia. Muchos clientes vuelven a confiar en nosotros para su siguiente proyecto. Se termina un trabajo, pero la relación continúa.

Nuestro ciclo es bastante sencillo: el trabajo entra rápido, se hace rápido y se cobra rápido. Después viene otro, y otro. La organización está preparada para trabajar así y tenemos buena parte del proceso sistematizado.

De vez en cuando aparece lo que llamamos una boda o una comunión: un proyecto mucho mayor.

Desde fuera puede parecer una noticia estupenda. Pero ese encargo no llega a una oficina vacía, con todo el mundo esperando a tener algo que hacer. Llega a una actividad que ya está funcionando, con otros trabajos en marcha y compromisos que atender.

Una boda no consiste simplemente en servir unos cuantos menús más. Puede cambiar el ritmo de toda la cocina.

Además, ese ir pasando de un proyecto a otro nos aporta algo que no siempre se ve. El equipo se enfrenta a situaciones muy distintas y va acumulando una especie de «hemeroteca» de casos y soluciones. Lo aprendido en un trabajo puede ayudarnos a resolver el siguiente. Esa variedad nos da experiencia y agilidad.

Claro que también exige cintura. Hay que cambiar de registro y adaptarse a muchos clientes, cada uno con su personalidad y su manera de trabajar. Los encargos pueden ser pequeños, pero atenderlos y coordinarlos requiere esfuerzo. Hace falta muchos para alcanzar un determinado volumen de actividad.

Son muchos pocos en lugar de pocos muchos.

A cambio, esa continuidad de trabajos y de ingresos nos facilita la gestión de la caja y mantiene al equipo en movimiento. No es una fórmula para todo el mundo, pero es la manera en que hemos organizado nuestra actividad.

Por eso, cuando aparece una gran oportunidad, no miramos solamente lo que podría aportar. También pensamos en lo que puede alterar.

No me compensa una boda si, para atenderla, tengo que dejar de servir el menú del día.

Raúl Carmona Muñoz