Aprendiendo de Marciano

Una reflexión cada domingo.

Sobre mí

Etiqueta: YouTube

  • 011 · Un vídeo y un partido del Real Madrid

    011 · Un vídeo y un partido del Real Madrid

    El boca a boca y el marketing no son incompatibles.

    En enero de 2021 una borrasca llamada Filomena provocó grandes nevadas en buena parte de España. Muchas cubiertas de edificios colapsaron y se vinieron abajo. Las imágenes eran devastadoras.

    Por entonces se puso en contacto con nosotros un señor que pertenecía al consejo de administración de un colegio de la Comunidad de Madrid. La cubierta de su pabellón deportivo se había venido abajo y necesitaban rehacerla.

    Yo no conocía aquel colegio. Nunca había oído hablar de él.

    Él, sin embargo, había visto nuestros vídeos en YouTube, en los que mostramos el desarrollo de cálculos de estructuras de edificios. A través de ellos nos había conocido y había decidido contactar con nosotros. Quedamos para reunirnos en la oficina y hablar del proyecto.

    Días después, nos llamó otro señor.

    También pertenecía al consejo de administración de un colegio. Y también necesitaban ayuda con la cubierta de su pabellón.

    Esta vez, el contacto venía de un amigo arquitecto, que además es cliente de EasyCTE. Ambos se sentaban juntos en el Santiago Bernabéu, el estadio del Real Madrid. Hablaron de lo ocurrido y mi amigo le dio mi número de teléfono.

    Los dos señores pertenecían al consejo de administración del mismo colegio.

    Era el Colegio Villa de Móstoles.

    Habían llegado hasta nosotros por separado, sin que una vía tuviera nada que ver con la otra. Uno había visto nuestros vídeos. El otro tenía la recomendación de alguien que conocía nuestro trabajo.

    Un vídeo y un partido del Real Madrid.

    La cubierta del pabellón, que la habían hecho apenas unos años atrás, se había venido totalmente abajo. Estaban desolados. Había que reconstruirla, pero después de lo que habían sufrido buscaban algo más que una solución técnica. Buscaban seguridad. Necesitaban saber en quién podían confiar.

    Aquellos dos contactos nos dieron la oportunidad de participar en una selección entre más de cinco equipos.

    Hubo varias reuniones antes de que tomaran una decisión. Yo decía, medio en broma, que aquello parecía un «tercer grado».

    Y lo entendía. Necesitaban preguntar, contrastar y asegurarse de a quién confiaban la reconstrucción. Una recomendación o unos vídeos podían abrirnos la puerta; la decisión exigía mucho más.

    Finalmente, nos seleccionaron.

    Me acuerdo de aquello cuando alguien me dice que la mejor publicidad es el boca a boca. Lo escucho a menudo entre compañeros de profesión.

    Claro que tiene un valor enorme. Alguien conoce tu trabajo, confía en ti y se atreve a recomendarte. Está poniendo también en juego su propia credibilidad. Yo soy el primero en valorarlo.

    Pero cuando esa frase se utiliza para justificar que no hace falta hacer marketing ni publicidad, ahí ya no estoy de acuerdo.

    Me cuesta entender esa necesidad de elegir. Si una recomendación puede traernos un cliente y un vídeo también, no veo qué sentido tiene cerrar uno de los caminos.

    Sé el trabajo que hay detrás de nuestros vídeos. Prepararlos, explicar algo para que se entienda, grabar, revisar, publicar. Son muchas horas dedicadas a compartir lo que sabemos.

    Y entonces alguien de un colegio del que nunca habías oído hablar se pone en contacto contigo porque te ha visto en YouTube.

    Ese trabajo empieza a tener consecuencias que no podías prever.

    Con las recomendaciones ocurre algo igualmente valioso. Un cliente se acuerda de ti cuando otra persona necesita ayuda. Tu trabajo sale de la oficina y entra en conversaciones en las que tú ni siquiera estás.

    En este caso, llegó hasta una grada del Bernabéu.

    Por eso me resisto a creer que basta con hacer bien las cosas y esperar. Hacerlas bien es nuestra responsabilidad. Pero también tenemos que facilitar que los demás puedan descubrirnos.

    No todos conocerán a uno de nuestros clientes. No todos encontrarán nuestros vídeos. No todos llegarán por el mismo sitio.

    El colegio nos dio la oportunidad de demostrar que podíamos ayudarles. Después hubo que responder a sus preguntas, ganarse su confianza y hacer el trabajo.

    Quedaron muy contentos con el trabajo en el pabellón. Tiempo después nos invitaron a participar en la ampliación del colegio, que también nos adjudicaron y que se terminó en 2025.

    Aquellos primeros contactos habían acabado dando lugar a dos proyectos.

    Un vídeo y un partido del Real Madrid habían conseguido que nos encontraran.

    Nuestro trabajo les dio motivos para volver.

    Raúl Carmona Muñoz

  • 005 · El curso que no se vendió

    005 · El curso que no se vendió

    A veces el trabajo no da fruto donde esperabas, pero termina abriendo un camino mucho más grande.

    Hubo un fin de semana, quizá un puente, hace bastante más de diez años, en el que mi familia se fue de acampada y yo me quedé solo en casa grabando un curso.

    No había estudio, ni equipo profesional, ni nada que se pareciera demasiado a lo que hoy llamaríamos producción de contenidos. Había un portátil sencillo, un micrófono de cascos, una pantalla, muchas horas por delante y la ilusión de estar haciendo algo que podía abrir una puerta.

    Me habían propuesto preparar un curso de cálculo de instalaciones con CYPE para una academia online importante. Para mí aquello tenía algo de oportunidad y algo de reconocimiento. Alguien de fuera había visto valor en lo que yo podía enseñar y eso, en aquel momento, importaba.

    Así que probé.

    El acuerdo era sencillo en apariencia. Yo preparaba el contenido y ellos ponían la plataforma y se ocupaban de venderlo. Si el curso funcionaba, repartíamos los ingresos según lo acordado. Si no funcionaba, mi trabajo quedaba sin retorno económico.

    Y me puse a trabajar.

    Creo recordar que me pidieron un curso de unas veinticinco horas. A mí me salieron casi cincuenta. No fue una decisión calculada. Simplemente, cuando uno quiere explicar bien algo técnico, enseguida descubre que todo tiene matices. Una instalación no se entiende solo enseñando dónde se hace clic. Hay que explicar por qué se toma una decisión, qué implica, qué errores conviene evitar y cómo se conecta cada parte con el conjunto.

    Aquello era muy artesanal. Grababa la pantalla, hablaba por un micrófono sencillo y preparaba la documentación con los medios que tenía. No había iluminación cuidada, ni guion profesional, ni una edición pensada para retener audiencia. Había trabajo. Mucho trabajo. Y una voluntad bastante clara de que aquello fuera útil.

    Cuando terminé, tuve la sensación de haber hecho algo importante. No porque fuera perfecto, sino porque había puesto mucho de mí en ese curso. Había horas, experiencia, criterio técnico y una forma de explicar que empezaba a formar parte de mi manera de trabajar.

    Había mucha ilusión.

    Después pasó lo que tantas veces pasa.

    Nada.

    O casi nada.

    Pasaron los meses y el curso no se vendía. O, al menos, no se vendía como yo esperaba. Yo había preparado el contenido y cumplido mi parte, pero la plataforma no funcionó como yo esperaba. Durante un tiempo me molesté. Había dedicado muchas horas a algo que parecía haberse quedado parado en un escaparate por el que apenas pasaba nadie.

    Con los años he entendido mejor lo que ocurrió. El problema no era necesariamente el curso. Tampoco era que la gente no confiara en él. En realidad, quien había confiado demasiado en un modelo que no controlaba era yo. Había puesto el contenido, el tiempo y el conocimiento, pero había dejado en manos de un tercero la forma de llegar a las personas.

    Y ahí apareció una pregunta sencilla.

    ¿Qué hago ahora con todo esto?

    Tenía grabados muchos vídeos. Tenía horas de explicación técnica. Tenía un curso que no se estaba vendiendo. Podía dejarlo guardado, asumir la pérdida y seguir adelante. Habría sido razonable.

    Pero había otra opción.

    Yo ya tenía canal de YouTube desde 2010. En aquel momento no lo veía como un canal estratégico perfectamente definido. Era más bien un repositorio. Me gusta esa palabra. Un lugar donde ir dejando cosas. Un sitio en el que el trabajo no se quedaba encerrado en un cajón.

    Así que empecé a publicar allí los vídeos del curso, poco a poco, en abierto y gratis para quien quisiera verlos.

    No fue un gesto heroico. Tampoco fue una estrategia diseñada en una pizarra. Fue una mezcla de aprovechamiento, intuición y cierta generosidad. Había hecho un esfuerzo importante y no quería que se perdiera. Si no iba a venderse en aquella plataforma, al menos podía servirle a alguien.

    Y sirvió.

    Los vídeos empezaron a funcionar muy bien. Llegaron a profesionales que necesitaban resolver problemas concretos y comenzaron a dar visibilidad al trabajo que hacíamos. El canal dejó de ser solo un almacén de vídeos. Se convirtió en una forma de demostrar cómo trabajábamos, qué sabíamos y cómo éramos capaces de explicarlo.

    Después seguí avanzando por ese camino. Organicé seminarios online y los publiqué también en YouTube. Preparé cursos gratuitos de iniciación a CYPECAD y CYPECAD MEP y los ofrecí desde mi propia página. Llegaron a inscribirse alrededor de seis mil personas.

    Aquella cifra me hizo ver que sí existía interés. El contenido no era el problema. Había personas al otro lado. Lo decisivo era encontrar la forma de llegar hasta ellas sin depender por completo de que otro quisiera hacerlo.

    Más adelante organicé formación presencial por mi cuenta. Funcionó muy bien y me permitió adquirir experiencia.

    Mientras tanto, el canal seguía haciendo su trabajo. Nos daba presencia, generaba confianza y hacía que llegaran encargos profesionales. De hecho, llegó tanto trabajo, en buena medida gracias a esa visibilidad, que durante varios años dejé la formación en un segundo plano. Hubo también una etapa en la que el propio canal perdió intensidad.

    Pero lo sembrado seguía ahí.

    Con el tiempo recuperamos el canal con fuerza y volvimos a mirar la formación con otros ojos. Ya no partíamos únicamente de una intuición. Habíamos aprendido qué podía hacer un contenido técnico cuando encontraba a su público. También habíamos aprendido lo que ocurre cuando la parte esencial del camino depende de una plataforma ajena.

    De ese recorrido nace EASYCTE Academy.

    Por eso hoy la tienda y la relación con los alumnos las llevamos nosotros. No porque queramos controlarlo todo, sino porque hemos comprendido qué partes de nuestro propósito no conviene delegar por completo. Podemos apoyarnos en colaboradores, herramientas y plataformas, pero la conexión con las personas que confían en nuestra formación tiene que estar en nuestras manos.

    Aquel curso prácticamente no produjo el retorno directo que yo esperaba. De hecho, lo que iba a generar a través de aquella plataforma no llegó ni al uno por ciento de lo que terminó generando después, de manera indirecta.

    No todo ese retorno apareció en forma de venta de cursos. Llegó como visibilidad, reputación, relaciones profesionales, alumnos, encargos y oportunidades. Llegó como una audiencia que empezó a confiar en nosotros mucho antes de que existiera EASYCTE Academy.

    Uno siembra en un lugar y la cosecha aparece en otro.

    Eso desconcierta cuando uno intenta medirlo todo de forma inmediata.

    Hoy hablamos mucho de contenido, embudos, conversión, métricas y retorno. Todo eso importa. Pero hay algo anterior y más profundo: la confianza necesita tiempo. Muchas veces se construye antes de que exista una transacción y devuelve su valor por un camino que no habíamos previsto.

    Aquel curso no se vendió.

    Pero no fue un fracaso.

    Fue la primera versión de muchas cosas que llegaron después.

    No se trata de regalarlo todo ni de pensar que cualquier esfuerzo terminará dando fruto por arte de magia. Se trata de comprender que el retorno no siempre es directo, inmediato ni fácil de medir. Y también de saber cuándo ha llegado el momento de tomar las riendas de aquello que forma parte de tu propósito.

    Aquel fin de semana, encerrado en casa con un portátil sencillo y un micrófono de cascos, yo pensaba que estaba grabando un curso.

    En realidad, estaba sembrando.

    Muchos años después, una parte de aquella semilla se llama EASYCTE Academy.

    Raúl Carmona Muñoz