El boca a boca y el marketing no son incompatibles.
En enero de 2021 una borrasca llamada Filomena provocó grandes nevadas en buena parte de España. Muchas cubiertas de edificios colapsaron y se vinieron abajo. Las imágenes eran devastadoras.
Por entonces se puso en contacto con nosotros un señor que pertenecía al consejo de administración de un colegio de la Comunidad de Madrid. La cubierta de su pabellón deportivo se había venido abajo y necesitaban rehacerla.
Yo no conocía aquel colegio. Nunca había oído hablar de él.
Él, sin embargo, había visto nuestros vídeos en YouTube, en los que mostramos el desarrollo de cálculos de estructuras de edificios. A través de ellos nos había conocido y había decidido contactar con nosotros. Quedamos para reunirnos en la oficina y hablar del proyecto.
Días después, nos llamó otro señor.
También pertenecía al consejo de administración de un colegio. Y también necesitaban ayuda con la cubierta de su pabellón.
Esta vez, el contacto venía de un amigo arquitecto, que además es cliente de EasyCTE. Ambos se sentaban juntos en el Santiago Bernabéu, el estadio del Real Madrid. Hablaron de lo ocurrido y mi amigo le dio mi número de teléfono.
Los dos señores pertenecían al consejo de administración del mismo colegio.
Era el Colegio Villa de Móstoles.
Habían llegado hasta nosotros por separado, sin que una vía tuviera nada que ver con la otra. Uno había visto nuestros vídeos. El otro tenía la recomendación de alguien que conocía nuestro trabajo.
Un vídeo y un partido del Real Madrid.
La cubierta del pabellón, que la habían hecho apenas unos años atrás, se había venido totalmente abajo. Estaban desolados. Había que reconstruirla, pero después de lo que habían sufrido buscaban algo más que una solución técnica. Buscaban seguridad. Necesitaban saber en quién podían confiar.
Aquellos dos contactos nos dieron la oportunidad de participar en una selección entre más de cinco equipos.
Hubo varias reuniones antes de que tomaran una decisión. Yo decía, medio en broma, que aquello parecía un «tercer grado».
Y lo entendía. Necesitaban preguntar, contrastar y asegurarse de a quién confiaban la reconstrucción. Una recomendación o unos vídeos podían abrirnos la puerta; la decisión exigía mucho más.
Finalmente, nos seleccionaron.
Me acuerdo de aquello cuando alguien me dice que la mejor publicidad es el boca a boca. Lo escucho a menudo entre compañeros de profesión.
Claro que tiene un valor enorme. Alguien conoce tu trabajo, confía en ti y se atreve a recomendarte. Está poniendo también en juego su propia credibilidad. Yo soy el primero en valorarlo.
Pero cuando esa frase se utiliza para justificar que no hace falta hacer marketing ni publicidad, ahí ya no estoy de acuerdo.
Me cuesta entender esa necesidad de elegir. Si una recomendación puede traernos un cliente y un vídeo también, no veo qué sentido tiene cerrar uno de los caminos.
Sé el trabajo que hay detrás de nuestros vídeos. Prepararlos, explicar algo para que se entienda, grabar, revisar, publicar. Son muchas horas dedicadas a compartir lo que sabemos.
Y entonces alguien de un colegio del que nunca habías oído hablar se pone en contacto contigo porque te ha visto en YouTube.
Ese trabajo empieza a tener consecuencias que no podías prever.
Con las recomendaciones ocurre algo igualmente valioso. Un cliente se acuerda de ti cuando otra persona necesita ayuda. Tu trabajo sale de la oficina y entra en conversaciones en las que tú ni siquiera estás.
En este caso, llegó hasta una grada del Bernabéu.
Por eso me resisto a creer que basta con hacer bien las cosas y esperar. Hacerlas bien es nuestra responsabilidad. Pero también tenemos que facilitar que los demás puedan descubrirnos.
No todos conocerán a uno de nuestros clientes. No todos encontrarán nuestros vídeos. No todos llegarán por el mismo sitio.
El colegio nos dio la oportunidad de demostrar que podíamos ayudarles. Después hubo que responder a sus preguntas, ganarse su confianza y hacer el trabajo.
Quedaron muy contentos con el trabajo en el pabellón. Tiempo después nos invitaron a participar en la ampliación del colegio, que también nos adjudicaron y que se terminó en 2025.
Aquellos primeros contactos habían acabado dando lugar a dos proyectos.
Un vídeo y un partido del Real Madrid habían conseguido que nos encontraran.
Nuestro trabajo les dio motivos para volver.
Raúl Carmona Muñoz

