Aprendiendo de Marciano

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Etiqueta: gestión del tiempo

  • 006 · Pues no veas el fútbol

    006 · Pues no veas el fútbol

    Cada vez que elegimos algo, también estamos renunciando a otra cosa.

    Hace unos años, durante un curso de cálculo de estructuras, un alumno se acercó a hablar conmigo en un descanso.

    • Raúl, me gustaría aprender muchas más cosas, pero es que no tengo tiempo.

    No lo dijo como excusa, lo dijo con resignación. La vida no le daba para todo.

    Le pregunté:

    • ¿Te gusta el fútbol?

    Sonrió.

    • Sí, claro.
    • Pues no veas el fútbol.

    Se quedó en silencio.

    No era una crítica al fútbol. Si ver un partido le hacía feliz, era un buen uso de su tiempo. Era solo un ejemplo para señalar algo más profundo.

    Con frecuencia decimos que no tenemos tiempo para leer, aprender, hacer ejercicio, emprender o estar con la familia. Pero el tiempo no falta: ya está ocupado.

    Muchas veces, el problema no es tanto la falta de tiempo como las prioridades. Y eso cambia la perspectiva, porque deja de ser algo externo y nos devuelve la capacidad de elegir.

    Con los años he aprendido que el tiempo obliga a priorizar, y priorizar obliga a renunciar. No se puede decir sí a todo. Cada elección descarta otra.

    Son los hábitos repetidos los que terminan definiéndonos.

    No es un partido de fútbol, ni una tarde sin ejercicio, ni un libro aplazado lo que marca la diferencia, sino la repetición constante de esas decisiones hasta convertirlas en rutina.

    Tampoco se trata de vivir en productividad permanente. El descanso y el disfrute son parte esencial de una vida plena. La diferencia es ser consciente, en decidir ver un partido y disfrutarlo sin culpa, en lugar de hacerlo mientras sentimos que no llegamos a lo importante.

    A veces me pregunto si aquel alumno siguió viendo el fútbol.

    La verdad es que nunca fue importante.

    Lo importante era que, a partir de aquel día, entendiera que el problema no era el fútbol. El problema era creer que podía decir sí a todo.

    Porque eso no es posible.

    El tiempo nos obliga a priorizar.

    Y priorizar siempre implica renunciar.

    La única decisión que realmente está en nuestras manos es elegir a qué merece la pena renunciar.

    Raúl Carmona Muñoz